viernes, septiembre 12, 2014

Author´s Note from "Waldek" the boy who defied the Nazis

I wrote this novel at the request of its protagonist and my husband, Waldek Grode. I must confess I was not prepared to do so, however it was his wish and in 2000, I started to think seriously about the possibility of telling his life story. Many a time opportunity and circumstances conspire to turn things into reality. Just around that time we received a letter from the German Government. It stated my husband was entitled to receive payment for the years worked as a slave laborer in the Gusen concentration camp, and in Mauthausen, for the Messerschmidt manufacturing company. Waldek was also in Auschwitz but as a prisoner, and would not receive any compensation. Since my husband had been thinking of traveling to Poland to visit his mother, he took the opportunity to retrieve the needed documentation and present it at the United Nations Repatriation and Refugee offices in Geneva. As it turned out, that journey cost him the equivalent to what he would receive as payment in the following years.
 
It was not an easy story to write. For starters, it took countless nights of long, painful conversations in which Waldek opened his heart while I took copious notes. He told me about his wishes, his desires, his first loves and first disappointments. And although he carried his feelings pent up for over almost sixty years, I was able to get in through a cranny and faithfully extract his life experiences. All during these heartfelt confessions, I got to know the man I had lived with for so many years, thirty-eight at that time, and realized I had only known him on the surface. I admired him more than ever and fell in love with him, once again. The courage and bravery he displayed all through his childhood, adolescence, and youth made me see him from a different angle.

I also wish to make it very clear that I am not part of this book. In the first version, yes, I did include myself. But the publisher who read the manuscript thought the details of how the story was obtained to be of no importance nor interest to the reader. Therefore, I rewrote the last part in its entirety. However, it must be said that until his last day, the life of my husband ran parallel to a life of fiction. There are those out there who do not believe such number of tribulations can happen to one person. And I know that as a rule, they do not happen to the majority of people, but they certainly did happen to Waldek. Others question his physical presence in New York at the time of the Twin Towers’ attack. He was there. He had just returned from Geneva, and I still have in my possession the airplane tickets and the hotel invoice. 

Waldek was a very strong man, the type who could flatten someone’s nose with his enormous fists. When the elevators malfunctioned at the building where I had my haute couture shop, he could and at seventy years of age climb sixteen flights of stairs without losing his breath and with a cigarette in his lips. He belonged to a generation of men who were survivors of the worst type of punishment. But there are illnesses and attitudes that do not forgive, and one of them carried him to his death. It was lung cancer caused by a long life as an inveterate smoker that ended the life of a man who had much in store to give to the world. 

I am very glad he lived to see the fulfillment of his dream: Roca Editorial first published the novel in January 2008. By the way, this was not the same publishing house which read the original manuscript that included me, but that version kept the exclusion. And this is how the novel was published.
I dedicate this book to Waldek, my personal, unforgettable character. Wherever he is now, I am sure he can see how many people around the world learn about his incredible life experiences. And that`s what he always wanted. 
 
I am very grateful to all of those who have noticed this work. And I truly hope you will not be disappointed.

Blanca Miosi

domingo, agosto 17, 2014

Nota del Autor

Escribí esta novela a petición de mi esposo, el protagonista, Waldek Grodek. Confieso que no estaba preparada para hacerlo, pero era su deseo, y en el 2000 empecé a pensar en serio en la posibilidad de contar su historia. Y como las oportunidades y las circunstancias generalmente coinciden para que los hechos de la vida se lleven a cabo, por esos días recibimos una carta del gobierno alemán en la que decía que recibiría un pago por los años que trabajó en calidad de esclavo en el campo de concentración de Gusen, Mauthausen, para la empresa Messerschmitt.  Waldek también estuvo en Auschwitz, pero como prisionero, y por ello no recibió ninguna indemnización.

Como mi esposo tenía pensado viajar a Polonia a visitar a su madre, aprovechó la oportunidad de retirar la documentación que hacía falta para presentarla a las oficinas de Repatriación y Refugiados de las Naciones Unidas en Ginebra, un periplo que le costaría lo que recibiría años después como pago. Pero a mí me sirvió para empezar la novela, porque no tenía idea cómo iniciar la historia.

No fue fácil escribirla. Fueron muchas noches de largas conversaciones y apuntes en los que él se confesó conmigo. Me contó sus anhelos, sus deseos, sus primeros amores y sus primeras desilusiones. Y aunque llevaba los sentimientos retenidos durante casi sesenta años, pude penetrar por alguna rendija y extraer con fidelidad sus vivencias. Durante varios meses de esas confesiones aprendí a conocer mejor al hombre con el que había vivido tantos años, treinta y ocho para entonces, y supe que solo había conocido de él la superficie. Lo admiré más que nunca y volví a enamorarme. Su arrojo y valentía durante su niñez, adolescencia y juventud me hicieron verlo de diferente manera.

Debo aclarar que yo no formo parte del libro. En la primera versión sí me incluí. Pero la editorial que leyó el manuscrito opinó que no era importante saber cómo se había obtenido la historia, que eso a nadie importaba. De manera que tuve que rehacer toda la última parte. Pero la vida de mi marido siempre fue una vida de novela, hasta el último día. Hay personas que piensan que no pueden ocurrirle tantas vicisitudes a una misma persona, es probable que no a la mayoría, pero a Waldek… con seguridad sí. También ponen en duda que estuviera en New York en los sucesos del ataque a las Torres Gemelas, y sí estuvo. Justamente regresaba de Ginebra, tengo todavía los boletos de avión y la factura del hotel.

Waldek fue un hombre sumamente fuerte. Era de los que podía destrozar la nariz de una persona con sus enormes puños. Podía subir los dieciséis pisos sin perder el aliento, cuando los ascensores no funcionaban y él ya era un hombre de más de setenta años, del edificio donde tenía ubicado mi taller de alta costura, a pesar de que lo hacía con un cigarrillo en los labios. Era de una generación de hombres sobrevivientes del peor de los castigos. Pero hay enfermedades y actitudes que no perdonan, y una de ellas lo llevó a la muerte. El cáncer de pulmón asociado a una larga vida de fumador empedernido contribuyó a terminar con la vida de un hombre que, estoy segura, todavía tenía mucho que dar.

Me queda la satisfacción de que logró ver su deseo cumplido: Roca Editorial publicó la novela por primera vez en enero de 2008. No fue la misma editorial que años atrás leyó el manuscrito donde yo estaba incluida, pero la versión quedó con la exclusión y así se publicó.

Dedico este libro a mi inolvidable Waldek. Donde sea que se encuentre probablemente vea que hay miles de personas que están conociendo su historia, tal como él quería.

Agradezco a todas las personas que se fijaron en este libro. Espero sinceramente no defraudarlos.

Blanca Miosi

viernes, marzo 07, 2014

The new cover of WALDEK, the boy who defied the Nazis" English version of "La búsqueda"

Enlace internacionalmyBook.to/Waldek
Waldek, the boy who defied the Nazis (La Búsqueda in Spanish) chronicles the dramatic and heroic story of Waldek Grodek, who experienced first-hand and at a very young age the German occupation of his native Poland. Many decades later, while visiting the UN offices that granted compensation to the survivors of the Nazi concentration camps, Waldek reflects on the events that started when he was made prisoner and taken to Auschwitz and Mauthausen and, in the years following his liberation, subjected him to the whims of European and Latin American totalitarian regimes, international espionage and the Mossad. Waldek Grodek is a memorable character whose unique perspective and amazing life story deserves to be told. 

After more than 750 days Waldek, the boy who defied the Nazis "La búsqueda," still occupies the top 10 ranking on Amazon Spanish language.

sábado, enero 18, 2014

Siempre en mi corazón

Copio esta entrada que hice en diciembre en mi blog Blanca Miosi y su Mundo

Cuando en julio del 2011 decidí publicar algunos de mis libros en Amazon, no tenía la menor idea de lo que ocurriría con ellos.  La verdad, en aquellos días no tenía idea acerca de lo que ocurriría con mi vida. Hacía seis meses había perdido a mi compañero de toda la vida, treinta y ocho años no se suceden en vano.  Todavía permanecía en un limbo inducido por el dolor de la pérdida y los meses antececedentes, en los que la enfermedad ganó una batalla que él supo conservar a costa de voluntad y entereza durante toda su vida. 

No podía aceptar que Henry; Waldek para la familia de Polonia y para los lectores de la novela La búsqueda, no estuviese más a mi lado, que no fuese mi primer lector, que no me alegrase todas las mañanas con una sonrisa porque, él era así. Tal como lo describo en la novela, siempre alegre, optimista, servicial y ordenado. Esto último me salva ahora de vivir en una guarida en lugar de un hogar, pues de él aprendí que aunque el mundo se esté cayendo debemos conservar el orden, la organización y, sobre todo: “Ser metódicos nos ayudará sobrevivir cualquier infortunio o desgracia que nos pueda traer la vida”.

Fue así como empecé a recuperar la mía. Día a día fue como si Waldek estuviera mirando lo que hacía y cómo lo hacía. Y gracias a ello logré sobrevivir. Lo confieso ahora, pues no hubiera sabido hacerlo antes, ya que no tenía conciencia de lo que sucedía conmigo. Los primeros meses me dejé llevar por la inercia, hice cosas que jamás hubiera hecho, como un trato con una persona que conocí por Internet, una amiga, que no sé qué me llevó a aceptar y que de entrada no hubiera admitido antes. Lo único bueno de esos primeros meses fue que viajé y me sentí cobijada por viejos amigos, menos días de los que hubiera deseado, todo por cumplir con ese extraño acuerdo.

2008, publicación de La búsqueda, primera edición.
A mi regreso quise retomar mi vida pero ya nada era como antes. ¿Y es que acaso un día es igual al anterior? Cierto que no. Conocí a personas que durante esos meses tuvieron la paciencia de soportar mis arrebatos, mis frustraciones, mis deseos de no seguir viviendo, y puedo decir ahora que gracias a esos amigos sigo escribiendo. A uno en especial, que algunas veces me regaña, un amigo que lo fue de Waldek y seguirá siendo mío hasta que el destino se encargue de hacer su trabajo, como debe ser.

Pero también me fui abriendo a nuevas posibilidades. Aquí en Venezuela conocí a mujeres valiosas, que de manera coincidencial también enviudaron por las mismas fechas, escritoras que me introdujeron en el ambiente intelectual al que tanto había anhelado pertenecer. Tengo amistades en diferentes partes del mundo. Es la magia de Internet, sé que no estoy sola, hay mucha gente que comparte mis inquietudes, y la vida se ha encargado de juntarnos a través de esta vía, la misma por la que en este momento estás leyendo estas líneas.

Antes solo se escribía en libros de papel, se enviaban cartas a través del correo y un cartero las llevaba o traía a casa. Hoy todo se resume en segundos, todo vaga en las redes, en ese algo que sabemos que existe pero que no podemos definir con exactitud, y creo que el mismo Dios puede enterarse de lo que estás escribiendo porque todo queda en el espacio. Así que Henry, Waldek, Waldusiu, como decía tu madre, ya ves que llevo una vida ordenada, organizada, todo a su hora y en el día justo, que cuando se está solo es mejor no perderse en divagaciones, y eso lo sabías tú mejor que nadie. Es lo que te ayudó a sobrevivir.  Solo que no estabas preparado para que la muerte en un zarpazo artero te jugase una mala pasada. Estuviste preparado para luchar con lo tangible. Lo otro no era cosa tuya. Las enfermedades eran para los demás. Lo he comprendido.

Donde sea que te encuentres, Waldusiu, quiero que veas que lo estoy haciendo bien. Que estés orgulloso de mí, que tantos años a tu lado valieron la pena, y que sigues estando en mi corazón.

Hasta pronto, mi amor.

Blanquita, como siempre me llamabas.