miércoles, marzo 11, 2009

COMENTARIOS: Ma. Jesús García, escritora



Al terminar de leer La Búsqueda, reflexioné sobre la novela, pues la historia no queda en el olvido una vez leída. Obliga a repasar una y otra vez la vida de Waldek, de cómo una persona puede ser capaz de soportar tanta miseria y horror. Y sobre todo pensando sobre qué puedo decir que no se haya dicho ya, sobre una novela que tiene tantas excelentes críticas.
Siendo un adolescente, y sin ser judío, Waldek es apresado por los alemanes y llevado a distintos campos de concentración. La atrocidad que tuvieron que soportar lo supervivientes, la agonía de ver pasar los días esperando a que fuese el último, la tortura de ser forzosos enterradores de los menos afortunados…
También está el hambre, la miseria, el cambio de una prisión por otra y la agonía que fue el viaje. Un tren repleto de personas enerves, donde el calor, el hambre, la sed y el olor, convierten el viaje en una agonía constante.
A pesar de la dureza de las distintas situaciones en la vida del protagonista, la novela es amena, interesante, agradable de leer, y sobre todo cautivadora, porque una vez leída la primera página, capta la atención del lector hasta el final.
Cabe destacar las diferentes mujeres que pasaron por su vida, algunas, amores inolvidables y otras, verdaderos tormentos. Una en especial que obliga a Waldek a alejarse de lo que era más importante para él: su hijo.
Sorprende y es de admirar, que la maldad que acompaña al protagonista durante toda la historia, lejos de convertirlo en una persona rencorosa y vengativa, lo hace ser más humano y compasivo con el mundo.
La novela me ha gustado mucho y la recomendaré a mis amistades.

María de Jesús García

http://mjesusmitrebol.blogspot.com/


martes, marzo 03, 2009

De Víctor Morata Cortado, escritor, amigo de blogs

Se nos ofrece en esta ópera prima de Blanca Miosi (se entiende que la primera publicada, no escrita) una novela cargada de emociones fuertes, de miseria, de esperanza e historia. Es la vida de Waldek, un muchacho polaco que, apenas despuntando en su juventud, se ve obligado a vivir el asedio nazi con toda su crueldad. Será el primer contacto con el pensamiento humano y su conducta. Waldek comienza aquí a vislumbrar una cuestión que le rondará durante toda su vida, la de la imposibilidad de separar el bien de las garras del mal. Las experiencias que pasará el muchacho a partir de su paso por los campos de exterminio harán de él todo un superviviente. Con una fuerza interior abrumadora, sus energías y ansias de vivir harán de él un luchador (como algunos de sus allegados en la obra le definen) y tendrá todo el éxito que podría desear. Sin embargo, su vida será un vaivén de circunstancias en las cuales será engañado, en las que se verá forzado a situaciones indeseadas y en las que, como contrapartida, encontrará el amor y la dicha. Su existencia, como bien apunta Waldek, irá ligada a la huida del comunismo, que parece le persigue allende va, siguiendo sus pasos hasta Sudamérica.


Asombra la valentía de Waldek y, en todo momento, será él quien asuma el control de su vida (en la medida en que la situación se lo permite y dentro de sus posibilidades para elegir). En poco más de trescientas páginas, se nos ofrece una vida completa, desde la infancia hasta la misma muerte. Es esta una novela sin cabos sueltos, con profundidad y con un abrumador desarrollo de sus personajes (sobre todo del protagonista). Llena de palabras cuidadas con mimo y delicadeza, pero con la misma crudeza que la historia que nos muestra la autora a cada momento con sus líneas. Es esta una escritora que, sin duda, no dejará indiferente a nadie. Una obra magistral de lectura ágil y agradecida.

A todo esto hay que añadir el genial trato de ciertas sutilezas que, a priori, parecen rozar lo fantástico, lo mágico, las que hacen una historia más cercana aún en pleno contacto (aunque sea de forma leve) con la superstición o la brujería. De igual modo, la autora hace un reflexión acerca del ser humano que no tiene desperdicio. Es una novela que se bebe, que seduce y que, sin duda, enriquece el alma por los muchos matices que Blanca Miosi nos regala.




Víctor Morata Cortado
Mentecreativa